Si llorara, si el cielo llorara,
podría llover yo
y la vida sería un gesto cotidiano
como atarse los zapatos poco a poco
como estrenar un camino
como dar, delicado
un paso
otro paso.
Si llorara, si el cielo llorara,
podría llover yo
y la vida sería un gesto cotidiano
como atarse los zapatos poco a poco
como estrenar un camino
como dar, delicado
un paso
otro paso.
Escrito en Literatura, Pacífica, Pensamientos | Etiquetas: cotidiana, lima, Mujer, poesía
Caminaba rápida,
era temprano y el aire
frío
saludaba a mi piel negra,
aún dormida.
Estrenaba colegio, estrenaba cielo,
estrenaba sueños y vida.
Camino lenta,
es tarde y los cerros
mudos
despiden a mi alma
cansada.
He llorado odios, desprecios, gritos.
Sangro heridas de silencios.
Huyo con mi cuerpo a otro lugar
donde el reflejo de mi
tal vez sea yo.
Yuyachkani. Con cierto olvido
“Estoy pensando. Estoy recordando”
Disculpen quienes me leen, quienes me encuentran en este espacio cibernético y terapéutico donde dejo colgadas las palabras como guirnaldas en los árboles más altos, donde aireo mis dudas y paseo mis anhelos.
Inicia la temporada de gris, Lima se cubre de tristeza y a veces no nos deja ver ni el mar. Y bajo este manto etéreo nos vestimos de colores y buscamos los espacios que nos devuelvan el calor, el latir.
Se estrena el invierno, pero también la nueva temporada de Yuyachkani, que nos presenta Con cierto olvido.
Estos maestros del teatro vuelven a crear en escena esa energía que envuelve y “desatora”, que hace fluir. A través de melodías y palabras llenas de verdad desnuda y directa, los acompañamos en su odisea, caminando siempre hacia la montaña, saboreando el largo viaje, según la premisa de Kavafis.
Un viaje hacia el presente, una mirada tierna y compasiva hacia retazos del pasado, una reflexión sobre el camino recorrido para entender quienes somos ahora, como individuos, como país. Una terapia colectiva para extraer las lecciones aprendidas que nos permitan continuar viviendo con sabiduría el tiempo que nos queda.
Momentos magistrales, como el amanecer sanador, que sólo unos actores y un director como Yuyachkani pueden lograr. No hay apenas escenografía ni vestuario. No son necesarios. Un sencillo juego de luces y una composición impecable en los planos y los movimientos lo dicen todo. Además, los actores llevan el vestuario de sus personajes incrustados en la piel, en el gesto, en la voz.
El sentimiento invade la sala, el corazón se calienta, y uno quisiera que tras el final, la obra volviera a comenzar. De regreso a casa, el invierno parece menos frío.
Gracias Yuyach.
Escrito en Teatro, Uncategorized | Etiquetas: con cierto olvido, lima, Magdalena, MÚSICA, Miguel, Perú, Rubio, Tacna, Teatro, Yuyachkani
Hay días en que uno necesita música esperanzadora, sorpresas a la vuelta de la esquina, un “buenas noches” de mesera con sonrisa.
Hay noches en que uno necesita estar donde fluye la energía creadora y el sentimiento. Plano general: un café que conversa. Plano general corto: dos hombres solos, en mesas separadas escuchan atentos y abstraídos el concierto de jazz. Entro en la escena. No hay mesas vacías. Me siento en un banco grande cerca de uno de los hombres solos, saco mi libreta y me pongo a escribir.
A veces, es un acierto llegar primero y esperar, sentada en un café, trepándome a las notas de un saxo que improvisa.
Escrito en Pacífica, Pensamientos
Subir a la S adelante, y ponerse el mp3. Entonces todo lo que aparece en el cristal de la ventana, es a la vez vida pero es a la vez una película que pasa por delante de nosotros al son de la música de una banda sonora equivocada. Sorprendentemente, los estímulos que en otra ocasión atacarían de frente nuestro sistema nervioso a través de ruidos, frenazos, caras de tristeza…, se suavizan y parecemos formar parte de una extraña armonía.
Lima con música es mejor, y uno hasta se relaja cuando la S se convierte en avión adentrándose en las nubes de Miraflores, en ese gris suspendido entre los edificios, en esa humedad hecha color que nos convierte en semi peces o semi humanos. Bajo en la esquina y camino recta pero con ganas hacia mi cueva de paz, hacia mi mundo mío donde todas las cosas están donde uno las deja, donde los colores se eligen y los sonidos también.
Lima con música es mejor.
“Hermana duda, ojalá que sigas teniéndome a tiro, pero esta noche, dame un respiro”
Era un viernes húmedo de Lima. El invierno y el gris habían empezado a colarse por nuestras ventanas, y Jorge Drexler regresaba a la católica con su guitarra, sus pedales y su disco Cara B. Hasta el último momento dudé, porque ya lo he escuchado muchas veces en concierto. Pero como Drexler nunca decepciona, y como amo sus melodías y letras sutiles, me regalé el concierto. No me equivoqué.
El único desacierto para mi gusto, fue William Luna, que cantó tres temas, como “representante de la música andina”.
Pero el concierto de Drexler fue, como siempre, exquisito. Cantó solo, pero acompañado de un luminotécnico formidable y de dos técnicos de sonido (capturadores de sonido), que incluso subieron al escenario y a las espalderas del gimnasio de la católica para tocar unos curiosos instrumentos electrónicos. Fue genial el tema donde introdujeron como base rítmica los sonidos de timbres de bicicletas grabados en Barcelona.
Todas las canciones, todas las letras, fueron susurradas por el público en la intimidad de la oscuridad. Jorge jugaba con los ritmos, con las melodías, haciendo voces a un público entonadísimo y entregadísimo. Drexler músico, hombre orquesta, didáctico y respetuoso, con un humor fino y sutil, creó una atmósfera íntima y una complicidad con los asistentes extraordinaria. Logró que las fans entregadas no gritaran ni tocaran palmas, ya que eso le impedía escucharse bien, así como que toda la audiencia se pusiera a respirar profundamente y bajara el nivel de euforia, antes de presentar, como regalo sorpresa a Magaly Solier, con quien interpretó a capella “Ojos azules”. Gracioso también como le cantó al técnico de sonido para corregir el volumen de su amplificador.

“Vengo de un prado vacío…” con estas palabras comenzó el concierto. Hablando de sus orígenes, de su país natal, Uruguay. Creo que todos los que no vivimos en nuestro país de origen sentimos ese agujerito, esa pequeña esquizofrenia…”Como me cuesta marcharme, me cuesta quedarme, me cuesta olvidar…el olor a la tierra mojada, la brisa del mar. Brisa del mar, llévame hasta mi casa”.
Tras este tema, se fueron sucediendo de manera fluida temas como “Horas”, “Eco”, “Medio de transporte” (dedicado a su hijo), “Raquel”…Hasta cuando el cantautor se olvidaba de las letras era tierno, y el público lo arropaba con sonrisas, como abrazándole y disculpándole. Drexler también tocó algunas versiones de Chabuca Granda (que el público limeño no conocía), o de Leonard Cohen.
Gracias por humanizar nuestro gris.
“Nada se pierde, todo se transforma”
Escucha: http://www.youtube.com/watch?v=jFeqJpZNCO4&feature=related
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
Gracias, Mario Benedetti, por adornar con palabras lo cotidiano, por describir la vida y sus sentimientos con sencillez, por tu mirada inocente, juguetona, certera.
¿Porqué hay cosas que se miden por docenas, como las rosas o los huevos? Ah, y los buñuelos de calabaza…
Escrito en Pensamientos | Etiquetas: docena, huevos, porqué, rosas
ASÍ SEA
El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.
El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.
No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,
que fue un día.
Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de fiesta.
Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.
Escrito en Literatura | Etiquetas: Blanca, Literatura, peruana, poesía, poetisa, Varela, verso