Salir de Lima en invierno es ser consciente de que existe el sol y el cielo. Existen las estrellas y las nubes, existen el verde y los cerros…En mi caso, salir de Lima es recordar todo eso, y recordar que existen otros ritmos, otras gentes, otras sonrisas.
Digo Lima, pero podría decir cualquier ciudad, cualquier capital del mundo, donde reinan la prisa y el ruido, donde se invisibiliza al otro en la combi, donde se está a la defensiva…donde impera la ley del sálvese quien pueda.
Hoy, caminando por los alrededores de Cajamarca, la gente me daba los buenos días al pasar, y yo me sentí más cerca de la tierra, más en paz, más humana, y porqué no, feliz.