“Hermana duda, ojalá que sigas teniéndome a tiro, pero esta noche, dame un respiro”
Era un viernes húmedo de Lima. El invierno y el gris habían empezado a colarse por nuestras ventanas, y Jorge Drexler regresaba a la católica con su guitarra, sus pedales y su disco Cara B. Hasta el último momento dudé, porque ya lo he escuchado muchas veces en concierto. Pero como Drexler nunca decepciona, y como amo sus melodías y letras sutiles, me regalé el concierto. No me equivoqué.
El único desacierto para mi gusto, fue William Luna, que cantó tres temas, como “representante de la música andina”.
Pero el concierto de Drexler fue, como siempre, exquisito. Cantó solo, pero acompañado de un luminotécnico formidable y de dos técnicos de sonido (capturadores de sonido), que incluso subieron al escenario y a las espalderas del gimnasio de la católica para tocar unos curiosos instrumentos electrónicos. Fue genial el tema donde introdujeron como base rítmica los sonidos de timbres de bicicletas grabados en Barcelona.
Todas las canciones, todas las letras, fueron susurradas por el público en la intimidad de la oscuridad. Jorge jugaba con los ritmos, con las melodías, haciendo voces a un público entonadísimo y entregadísimo. Drexler músico, hombre orquesta, didáctico y respetuoso, con un humor fino y sutil, creó una atmósfera íntima y una complicidad con los asistentes extraordinaria. Logró que las fans entregadas no gritaran ni tocaran palmas, ya que eso le impedía escucharse bien, así como que toda la audiencia se pusiera a respirar profundamente y bajara el nivel de euforia, antes de presentar, como regalo sorpresa a Magaly Solier, con quien interpretó a capella “Ojos azules”. Gracioso también como le cantó al técnico de sonido para corregir el volumen de su amplificador.

“Vengo de un prado vacío…” con estas palabras comenzó el concierto. Hablando de sus orígenes, de su país natal, Uruguay. Creo que todos los que no vivimos en nuestro país de origen sentimos ese agujerito, esa pequeña esquizofrenia…”Como me cuesta marcharme, me cuesta quedarme, me cuesta olvidar…el olor a la tierra mojada, la brisa del mar. Brisa del mar, llévame hasta mi casa”.
Tras este tema, se fueron sucediendo de manera fluida temas como “Horas”, “Eco”, “Medio de transporte” (dedicado a su hijo), “Raquel”…Hasta cuando el cantautor se olvidaba de las letras era tierno, y el público lo arropaba con sonrisas, como abrazándole y disculpándole. Drexler también tocó algunas versiones de Chabuca Granda (que el público limeño no conocía), o de Leonard Cohen.
Gracias por humanizar nuestro gris.
“Nada se pierde, todo se transforma”
Escucha: http://www.youtube.com/watch?v=jFeqJpZNCO4&feature=related